1893


      The Vale of Güimar on the lee and sunny side of Tenerife fue un folleto propagandístico que se publicó en ingles en 1893. Destinado a atraer turistas al valle de Güimar en el folleto se resaltó el Barranco de Badajoz como lugar de gran interes paisajístico. Y fueron precisamente dos turistas los que después de realizar una excursión al Barranco, lo describieron en dicho folleto:

G. Jeffery

      Disfrutamos inmensamente el paseo con la estimulante frescura de la madrugada. Enramados de rosas llenas de rocío, madreselva y heliotropo, colgaban por encima de las paredes de los jardines, llenando el aire con fragancia; y por encima de nosotros se elevaban los vertiginosos cerros que bordean Las Cañadas, no ocultos por ninguna nube, y recortados agudamente contra el cielo azul, algunos inmersos en una profunda sombra y otros reluciendo de un rojo resplandeciente bajo el brillante sol.
      Nosotros estábamos al principio ligeramente defraudados de Badajoz, que nos habían dicho era el más hermoso barranco de Tenerife, pero que, ami parecer, ciertamente no excede en grandeza al de Ruiz. Sin embargo, la mitad superior, donde la garganta entra en el mismo corazón de las montañas, es imponente en extremo. La mitad estaba sumida en una profunda oscuridad, mientras que la otra resplandecía bajo la luz del sol, lo que por supuesto realzaba la idea de altura; y, a medida que nuestras expertas y seguras mulas trepaban por sobre las enormes peñas, nosotros teníamos que estirar nuestros cuellos para examinar las perpendiculares paredes rocosas que se elevaban sobre nosotros ocultando todo, salvo la más estrecha tira de un cielo inolvidablemente azul.
      En el extremo final, una cascada impedía el progreso más allá; y, después de una breve parada para explorar una espaciosa y resbaladiza cueva de considerable tamaño, regresamos por el escabroso camino por el que habíamos venido.



Nicholas Goode

      Los casi verticales riscos que encierran el Barranco de Badajoz (cerca de Güimar) son soberbios, formidables e imponentes. Sería difícil encontrar algo más majestuoso y sublime. El viajero que permanece en el cauce del barranco, y mira hacia arriba para medir con su vista la altura de esas enormes moles, percibe sólo un trozo de cielo que, como el abovedado techo de un enorme templo, descansa sobre dos colosales paredes. Allí, mientras contempla tan magnífico espectáculo, el hombre se siente dominado por un respetuoso temor; comprende su pequeñez, y no puede sino pagar, desde la misma profundidad de su alma, un justo tributo de gratitud y admiración al Ser Supremo. Pero hay todavía más que ver. Vamos hacia el centro, donde el Barranco forma una especie de cavidad; y allí contemplaremos la más bella cascada, en cuyo curso se reúnen y engrosan las aguas de innumerables manantiales y fuentes naturales. El más bonito de éstos brota de la Cueva del Culantrillo, una gruta fabulosa, que tiene su techo y paredes completamente relucientes con las más hermosas plantas acuáticas. La fresca y lujuriante vegetación del lecho del barranco está en singular contraste con la evidente pobreza de las rocas que sobresalen, encima de las cuales, sin embargo, existe un interesante grupo de inmensos dragos.


                                                                                       Carl Norman 1893



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